Afirman que el pescado registra la mayor suba de precios de la última década y que el consumo sigue cayendo

A pocos días de la celebración de las Pascuas, un informe del Observatorio de Consumo de la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera (FULASP) advierte que el mercado interno argentino atraviesa una distorsión inédita: el precio minorista del pescado aumentó casi un 800 % en tres años, mientras que el consumo nacional permanece estancado, manteniendo el nivel más bajo de todas las épocas. 


31 mar, 2026 07:45
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Economía: Afirman que el pescado registra la mayor suba de precios de la última década y que el consumo sigue cayendo

El estudio de la FULASP concluye que la actual escalada de precios no se explica por aumentos en el valor de origen, sino por la intermediación comercial. Mientras el pescado descargado en puerto apenas registró subas moderadas en las últimas tres temporadas, el valor que paga el consumidor final en supermercados y pescaderías se multiplicó a niveles abismales. 

El trabajo se llevó a cabo entre el 10 y el 28 de marzo, sobre un total de 364 comercios minoristas y mayoristas, entre los que se destacan grandes supermercados, autoservicios de proximidad y pescaderías, ubicados en todas las capitales provinciales del país. Además, se incorporaron los valores publicados en los sitios online de las principales cadenas de retail, lo que permitió comparar los precios físicos con los digitales y construir una base nacional de referencia. 

El análisis histórico muestra que el precio del filet de merluza fresco registró una suba extraordinaria entre 2016 y 2026. Según la serie de precios del INDEC para el Gran Buenos Aires, el kilo de merluza se ubicaba en 104,73 pesos en abril de 2016. Dos años después, en 2018, rondaba los 210 pesos, mientras que en 2020 alcanzaba aproximadamente 480 pesos por kilo. El incremento continuó en los años siguientes: en 2022 el precio promedio se ubicaba cerca de 1.200 pesos, en 2023 rondaba los 1.600 pesos, en 2024 escaló a aproximadamente 5.900 pesos, y durante 2025 alcanzó cerca de 9.800 pesos por kilo. Finalmente, el relevamiento actual registró en marzo de 2026 un valor promedio de 14.000 pesos por kilo. 

De eso se desprende, en términos acumulados, que el precio del filet de merluza pasó de 104,73 pesos en 2016 a 14.000 pesos en 2026, lo que implica un incremento aproximado de 13.270% en diez años. Los números también muestran un incremento acumulado aproximado del 775% en apenas tres años, superando ampliamente la inflación general de ese período (393-400 %, según datos oficiales). 

Tomando otras especies, en el caso del salmón rosado, el precio promedio pasó de 14.000 pesos por kilo en 2023 a 55.000 pesos en marzo de 2026, lo que representa una suba cercana al 292% en el mismo período. Por su parte, las rabas de calamar, uno de los productos más consumidos en pescaderías y restaurantes, también registraron un aumento muy pronunciado en términos relativos. Mientras que en 2023 el precio promedio se ubicaba en torno a 5.000 pesos por kilo, en marzo de 2026 el valor alcanzó aproximadamente 30.000 pesos, acumulando un incremento cercano al 500%. 

Estos datos reflejan una escalada de precios muy superior a la evolución del valor del pescado en origen, ratificando que la suba registrada en los últimos años responde a los márgenes aplicados en los tramos intermedios de la cadena comercial. 

En ese sentido, según el relevamiento realizado en marzo de 2026, el precio de referencia de la merluza fresca en puerto se ubica actualmente en torno a 1700 pesos por kilo. Una vez que el producto ingresa al circuito de distribución mayorista, su valor promedio asciende a aproximadamente 5000 pesos por kilo. Sin embargo, cuando el pescado llega al consumidor final el precio promedio nacional registrado por el estudio alcanza cerca de 14.000 pesos por kilo. 

En términos prácticos, esto significa que el precio del pescado puede multiplicarse hasta ocho veces entre el momento de la descarga en puerto y la venta en el mostrador, mostrando un incremento cercano al 723 % en la cadena comercial. 

El informe de FULASP señala que esta relación —aproximadamente 1 a 3 entre puerto y mayorista, y 1 a 8 entre puerto y consumidor final— constituye la mayor distorsión entre precio de origen y precio minorista observada en la última década. 

A su vez, para dimensionar aún más esa evolución en términos de década, la FULASP comparó los índices con la inflación general registrada en el mismo período. Según datos del INDEC, la inflación anual fue de 40,7% en 2016, 24,8% en 2017, 47,6% en 2018, 53,8% en 2019, 36,1% en 2020, 50,9% en 2021, 94,8% en 2022, 211,4% en 2023, 117,8% en 2024 y 31,5% en 2025, con una inflación interanual cercana al 33% a comienzos de 2026. 

En conjunto, estas variaciones implican que la inflación acumulada de la economía argentina en los últimos diez años superó el 10.000%, y, aún así, siendo una de las más altas del mundo en ese período, se ubica un 3270 % por debajo de la suba acumulada en el precio de la merluza en la misma línea histórica. 

Por su parte, el informe de FULASP subraya un aspecto clave: durante los años de mayor inflación general los aumentos se trasladaban a toda la cadena productiva, incluyendo costos logísticos, energéticos, laborales y también el precio del pescado en puerto. Sin embargo, la situación actual presenta una dinámica diferente, dado que, aún en un contexto de inflación general más moderada que en años recientes, el precio del pescado en el circuito comercial continúa aumentando y amplía la distancia entre el valor de origen y el precio final al consumidor, constituyendo la mayor distorsión entre precio real e intermediación comercial registrada en la última década. 

“El aumento en puerto del filet de merluza explica apenas el 13 %del incremento que termina pagando el consumidor”, afirmó Raúl Cereseto, presidente de la FULASP, quien sostuvo que la entidad decidió realizar el estudio después de detectar anomalías en la cadena comercial. “El precio del pescado en banquina se mantiene prácticamente igual desde hace tres años. Sin embargo, el consumidor argentino paga valores desorbitantes en el mostrador. Esto no responde a costos de origen: responde exclusivamente a una clara especulación comercial”, aseguró. 

Cereseto explicó que la situación es agridulce, porque consideró que, por un lado, la caída histórica en el consumo de la carne muestra un mayor interés del mercado interno por la ingesta de las diferentes especies marinas, pero, por el otro, el encarecimiento artificial termina expulsando al consumidor”. 

El estudio también detectó fuertes desigualdades geográficas en el precio del pescado dentro del país. En el caso del filet de merluza, por ejemplo, el precio promedio en la ciudad de Mar del Plata se ubicó cerca de 11.200 pesos por kilo, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires alcanzó aproximadamente los 14.000 pesos mencionados. En Córdoba, el valor promedio relevado fue de alrededor de 15.800 pesos, y en Mendoza llegó a 16.500 pesos por kilo.

Estas diferencias implican que el mismo producto puede presentar variaciones de hasta un 40% según la plaza comercial, incluso sin cambios significativos en los costos de transporte o distribución, reflejando falta de transparencia en la cadena comercial y márgenes muy dispares entre regiones. 

Por otra parte, de acuerdo con distintas estimaciones sectoriales citadas por el informe, se observa que el consumo nacional se ubica actualmente en torno a 5,1 kilos de pescado por habitante por año. Este nivel se mantiene prácticamente sin cambios en el último año y representa el registro más bajo observado en el país en los últimos 50 años. 

La comparación internacional permite dimensionar mejor esta situación. En Chile, por ejemplo, el consumo anual de pescado alcanza aproximadamente 13 kilos por habitante. En Brasil, el promedio se sitúa cerca de 10 kilos, mientras que en México ronda los 8 kilos por persona al año. A nivel global, el consumo promedio supera los 20 kilos por habitante, lo que significa que Argentina consume menos de una cuarta parte del promedio mundial. 

Esta situación resulta particularmente llamativa si se tiene en cuenta el tamaño de la actividad pesquera argentina. Cada año el país captura más de 700.000 toneladas de productos pesqueros, lo que lo ubica entre los principales productores del Atlántico Sur. 

Sin embargo, la mayor parte de esa producción se destina a los mercados internacionales, mientras que el consumo interno permanece extremadamente reducido. 

En ese sentido, Cereseto manifestó que “el pescado argentino termina siendo accesible en los mercados internacionales, pero cada vez más caro para los propios argentinos”. 

Finalmente, el estudio concluye que la situación exige políticas públicas urgentes para transparentar la cadena comercial, y propone trazabilidad de precios desde puerto a góndola, monitoreo de márgenes comerciales, programas de promoción del consumo interno y acuerdos de precios para especies de consumo masivo. 

Para Raúl Cereseto, “sin estas medidas la brecha entre el precio real del pescado y el que paga el consumidor seguirá ampliándose, consolidando un mercado donde los frutos del mar corren el riesgo de convertirse en productos de lujo”.



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