Antes de obtener la Matrícula Nacional N° 18.477 para ejercer la kinesiología y la aprobación de un profesor de teatro para subirse a un escenario, Kevin Bettini fue experimentando abigarradas disciplinas y actividades. “Desde boxeo y Kung Fu, hasta antropología y batería”, recuerda.
En la actualidad, dedica gran parte de la jornada a atender pacientes con lesiones, enfermedades, cirugías o condiciones que limitan su movilidad en el Centro Modelo Kinac y en forma domiciliaria.
Su técnica está dirigida a ejercicios implementados para cada problemática y no tanto, a la aplicación teórica de libros utilizados durante la etapa de formación universitaria. “Más que una técnica, aplico un enfoque de trabajo. De acuerdo a lo que veo y me cuenta el paciente, tengo que establecer los ejercicios justos que puede hacer durante el tratamiento”, afirma el profesional matriculado.
En ese sentido, agrega: “a partir de cursos realizados durante la carrera, me fui dando cuenta de que, al aplicar teoría dura, condicionaba más al paciente. Y, por suerte, entré a una rama de la kinesiología que está más ligada a la actuación. Es una línea más sistémica, en donde la persona deja de ser una columna y empieza a ser un individuo en relación con su entorno. Lo que importa es el vínculo entre el individuo y el entorno. Si logro que al paciente le guste y los vínculos aumenten, las mejoras van a aparecer en todos los planos”.
Segunda vida: la actuación
Hasta hace unas semanas, coprotagonizó junto a su padre Patricio Bettini “El Cardenal”, obra escrita por Eduardo “Tato” Pavlovsky, y dirigida por Carolina Pavlovsky, en el teatro El Camarín de las Musas.
“Actualmente, estoy ensayando ‘Ruido de mar’, obra que se está representando en el Espacio Callejón, y en donde estaré haciendo un reemplazo durante varios sábados. En forma simultánea, junto a un grupo, estoy trabajando un texto que escribí hace unos años: La gente es maravillosa. Son textos de personas individuales que, al principio, mezclan muchas capas a la vez: el cuerpo, la enfermedad, la salud, el otro, la despedida, la naturaleza, la relación con el entorno. Todos los tópicos que me interesan”, puntualiza.
Si bien lo hacía por placer, la actuación en toda su plenitud se cristalizó en la pandemia, cuando estaba finalizando la facultad. Porque hasta entonces ponía en práctica una frase de su abuelo italiano Enio María: “dale bola a eso que harías, aunque no te paguen”.
Técnica propia
En 2020, mientras estudiaba en la UBA, Bettini gestó y patentó Volver al cuerpo (VAC), una técnica que ayuda a reconectar con el cuerpo, a través de la actuación y el movimiento. Funciona como una plataforma que combina ciencia, arte y salud, y se presenta como un espacio de exploración psicofísica del ser humano.
En forma periódica, Bettini dicta seminarios teóricos-prácticos dirigidos a artistas, deportistas, pacientes y público en general de todas las edades, incluyendo a las personas con discapacidad. “Se trata de una experiencia grupal que busca promover la vitalidad a partir del movimiento, el juego y la conexión con el cuerpo”, finaliza Bettini.