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Hallan un cráneo de 13 millones de años que tiene parentesco con los simios y los humanos
Hallaron un cráneo que se preservó 13 millones de años. En 2014, John Ekusi, un "cazador de fósiles", lo descubrió en capas de roca del área de Napudet, al oeste del Lago Turkana, en el norte de Kenia.
"Alesi" es el apodo que los científicos le pusieron a una nueva especie, Nyanzapithecusalesi (del vocablo "ales": "ancestro" en la lengua de Turkana), cuyo cráneo notablemente completo sugiere cómo puede haber sido un pariente de la base de la familia de los simios vivientes.
Sería algo así como un lejano tío abuelo de los humanos y el más completo conocido hasta ahora de un primate extinto de esa antigüedad.
La investigación estuvo en manos de un equipo internacional conducido por Isaiah Nengo, de la Universidad Stony Brook, en Estados Unidos, y ayuda a contestar algunas preguntas que se hacían los científicos que estudian la evolución.
Humanos, monos y simios somos primates. Orangutanes, gorilas, chimpancés y gibones son simios. A diferencia de los monos, no tienen cola. Los simios caminan más erguidos que los monos, son más grandes y poseen un cerebro más desarrollado. También tienen un período de gestación más largo. "Otra diferencia entre monos y simios es el uso de herramientas", apunta Rolando González-José, director del Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas del Conicet (Cenpat).
Pero poco se sabe acerca de la evolución de los ancestros de simios y humanos hace más de diez millones de años. Por eso, no se conocía con precisión si el ancestro de humanos y simios se había originado en África ni cómo era.
En conjunto, el cráneo de N. alesi tiene características similares a las de los gibones y los grandes simios. Sin embargo, aunque probablemente fue muy parecido en aspecto a los primeros, con una boca diminuta y una nariz pequeña, los autores evitan describirlo como un ancestro directo porque ellos tienen brazos inusualmente largos que los ayudan a deslizarse rápidamente a través de los árboles, y este espécimen parece haberse movido con mayor cautela. Lo dedujeron a partir de la estructura de su oído interno.
Fuente: La Nación