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Hallaron entre arbustos el cadáver de su padre desaparecido hace 32 años
En la mañana del 13 de octubre de 1984 Antonio Urquiza, un albañil de 40 años, salió como cada día de su casa en el municipio barcelonés de Sant Vicenç dels Horts (España) y en dirección hacia su trabajo en Vallirana, pero nunca regresó.
A 32 años de su desaparición, un vecino de la localidad Cervelló, a unos 4 kilómetros, encontró el cadáver de Urquiza en su finca mientras limpiaba los arbustos, informó La Vanguardia.
Aunque el cuerpo se encontró a pocos metros de la ruta, nadie lo vio en las últimas tres décadas. Creen que la maleza y los arbustos lo mantuvieron oculto mientras que una piedra sirvió de tope para que no rodara por la pendiente que termina en un precipicio.
Sobre el caso sólo se sabe que, el día de la desaparición, el albañil debía cobrar de parte de sus empleadores una indemnización de 1.200.000 pesetas a raíz de un accidente laboral.
Al no volver a su casa, su esposa Ascensión y su hijo mayor José -entonces de 32 y 14 años, respectivamente- fueron a buscarlo a la obra donde trabajaba pero nadie sabía nada. Su jefe aseguró haber estado enfermo durante tres días y es por ello que no tenía noticias de Antonio.
La familia se topó además con un agente de la policía local de Vallirana, quien informó que el auto de Antonio llevaba unos días estacionado frente a la torre que estaba construyendo. En el interior del coche encontraron un reloj con la correa arrancada de cuajo, como maltrecha por un forcejeo, y la libreta de ahorros con 100.000 pesetas.
Ascensión contó que su hijo entró en la torre y halló unos colchones, una escopeta de cañón recortado y unos pantalones con rastros de sangre, pero esas pruebas "se esfumaron" de la causa.
La investigación de la Guardia Civil no dio frutos. "Nos hicieron creer que se fue con otra; que tomó el dinero y se marchó, pero yo nunca me lo creí", sostuvo su esposa, quien añadió que siguieron buscándolo y hasta llegaron a recibir datos sobre su supuesta presencia una peña en la ciudad de Mataró.
Luego de más de tres décadas, en las que Ascensión debió mantener a la familia, y tras la llegada de 18 nietos y la muerte de su hijo mayor, Agustí Roig halló el cadáver cuando decidió limpiar el desorden que dejaron fuertes vientos en el terreno de su casa en Cervelló.
"Vi los huesos allí arriba. Eran blancos, los tenía a una altura de tres metros. No pensás que puedan ser de una persona, pero vi un hueso un poco más grande, incluso una rótula, y luego me asusté y avisé rápidamente a la policía local", relató, para luego agregar: "Estaban tapados por las hierbas encima de unas rocas. Las piernas arriba y la cabeza hacia abajo apoyada en una piedra".
La inclinación de los restos induce a pensar que a Antonio lo tiraron desde la ruta pendiente abajo, aunque no llegó a caer. Y que permaneció oculto allí 32 años, a sólo cuatro metros del camino, en la montaña que queda enfrente de donde lo buscaron.
Los agentes hallaron el carnet de conducir de Antonio entre los restos de su ropa. Por estos días realizan las pruebas de ADN para acreditar científicamente que se trata del albañil y con la autopsia intentarán determinar si la muerte fue criminal. Aunque, en caso de serlo, el delito estaría prescrito.
"No nos consuela saber que está muerto. No queremos pasar página hasta que sepamos qué le paso", insiste su familia.