Asia Bibi es una joven paquistaní, cristiana, que lleva 6 años encarcelada y condenada a muerte. En 2009 tuvo una discusión con una mujer con la que estaba trabajando, la mujer acudió a un clérigo islámico y acusó a Bibi de blasfemia.
Tras su encarcelamiento, numerosas organizaciones pro Derechos Humanos pidieron su liberación y varios miembros del Gobierno fueron asesinados tras mostrar en público su apoyo a la liberación de Asia.
El Tribunal Supremo de Pakistán decidió la semana pasada revisar su sentencia de muerte y el juicio ha sido aplazado sine die por inhibición de uno de los jueces. Es la última esperanza para Asia Bibi.
En Pakistán, donde el islam es religión de Estado, la blasfemia es un tema muy delicado. La ley prevé hasta la pena de muerte para las personas declaradas culpables de ofensa al islam.
Unas simples acusaciones terminan a menudo en linchamiento. Y los cristianos, una minoría perseguida, suelen ser blanco de ellas.
En junio de 2009, Bibi, quien es campesina, fue enviada a buscar agua mientras trabajaba en un campo, por lo que otras mujeres musulmanas protestaron ya que, al no ser ella musulmana, contaminaría el recipiente y lo haría impuro. Le exigieron abandonar su fe cristiana y se convirtiera al Islam, a lo que ella se opuso. Fue condenada a la horca.
El caso de Asia Bibi deja patente que las autoridades paquistaníes parecen dudar entre respeto de los derechos humanos y concesiones a los fundamentalistas religiosos.
El caso de Asia Bibi ha tenido eco a nivel mundial. Hizo reaccionar a los papas Benedicto XVI y Francisco. El primero pidió su liberación y el segundo recibió a su hija en 2015 y rezó por la condenada.
"Siento que el Papa reza y va a seguir rezando por mi madre y que al final, gracias a eso, será liberada", declaró recientemente a la AFP Esham, de 18 años.