El inclasificable y explosivo Jimmy Morales, de 46 años, se alzó con la victoria en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Guatemala.
En un país que aún vive bajo los efectos de la revolución cívica que llevó a la cárcel al anterior jefe de Estado, Morales y su discurso antipolítico (26% del voto) se beneficiaron de los aires de cambio y de una extraordinaria participación, cercana al 80%.
Como rival en la segunda vuelta, el 25 de octubre, se perfila el oscuro multimillonario Manuel Baldizón (17%).
Dos figuras antagónicas, pero que comparten un historial devorado por las sombras y cuya estatura queda muy lejos de la vertiginosa ola de indignación que ha puesto contra las cuerdas al sistema guatemalteco.
Baldizón, el hombre al que todos daban como presidente antes de la revolución cívica, es un ejemplar refinado de la vieja política. Dueño de una fortuna de origen incierto, se le conoce popularmente como "Doctor Copy and Paste" por haber plagiado gran parte de su tesis doctoral.
En su largo camino al poder (ya fue candidato en 2011) ha construido un partido, Libertad Democrática Renovada, que se ajusta disciplinadamente a los requerimientos del sistema guatemalteco: un universo dominado por formaciones sin ideologías definidas y que únicamente sirven de vehículo de ascenso a sus líderes.
Como remate, Baldizón presenta de candidato a la vicepresidencia al polémico Edgar Barquín. Este antiguo gobernador del banco central ha sido acusado por la Comisión Internacional contra la Impunidad de Guatemala y la fiscalía de formar parte de una organización criminal de lavado de dinero.