El presidente ruso, Vladimir Putin, se sumergió el martes en el mar Negro frente a las costas de Crimea, la península ucraniana anexionada por Rusia, a bordo de un batiscafo (un pequeño vehículo de inmersión profunda), para inspeccionar los restos de un barco de entre el siglo X y XI.
Según las imágenes de la televisión rusa, Putin descendió a más de 80 metros de profundidad para observar una nave bizantina hallada en mayo. De todos los trajes que se ha puesto Putin desde que es el presidente de Rusia, que van desde uno de tractorista a otro de piloto de hidroaviones, el de submarinista debe ser uno de sus favoritos.
"Es un objeto muy interesante, que aún debe ser investigado. Pertenece aproximadamente a los siglos X-XI, una época que coincide con el surgimiento del Estado ruso, el desarrollo de las relaciones con Bizancio", dijo Putin después de la inmersión. "Es una buena forma de recordar lo profundas que son nuestras raíces históricas, así como la historia de nuestras relaciones con el mundo entero", añadió.
En un aparente guiño a la polémica que suscitó su inmersión en aguas del Mar Negro con escafandra en 2011, en la que encontró supuestamente dos ánforas de 15 siglos de antigüedad -un episodio que suscitó las burlas de varios medios independientes que indicaron que los objetos ni siquiera estaban cubiertos de algas-, el mandatario ruso dijo que alrededor del galeón vio "una gran cantidad de ánforas esparcidas", entre otros objetos, y partes de la carcasa de la embarcación.
"Es un galeón que transportaba productos a través de la bahía de Balaclava. Hay pocos como este al norte del mar Negro", dijo. Con su tamaño de entre 27 y 30 metros de eslora, podría ser la mayor nave bizantina hallada hasta la fecha, según científicos rusos.
Putin lleva años cultivando su imagen de hombre de acción. Ya se le ha visto descender al fondo del lago Baikal a bordo de un submarino, pilotar un Fórmula 1, cazar ballenas con ballesta, volar en un bombardero o pescar un lucio de 21 kilos en Siberia.
Sin embargo, la nueva aventura del mandatario tuvo esta vez una fuerte repercusión política. Su visita a la península de Crimea, anexionada por Rusia poco después del derrocamiento en Kiev del presidente prorruso Víktor Yanukóvich y el ascenso al poder de las fuerzas europeístas, en 2014, generó polémica en Ucrania que, al igual que el resto de la comunidad internacional, no reconoce la soberanía de Moscú sobre el territorio.
Putin quiso zanjar cualquier debate sobre este tema y sentenció que Crimea es territorio ruso porque así lo quiso la gente que vive allí. "El futuro de Crimea lo decidió la gente que vive en este territorio. Ellos votaron por la reunificación con Rusia y ya está, punto final", aseveró el líder del Kremlin.