Un relevamiento de McKinsey estima que cerca del 70% del software utilizado por las empresas Fortune 500 fue desarrollado hace más de dos décadas. Estos sistemas, diseñados en un contexto tecnológico y competitivo completamente distinto, enfrentan crecientes limitaciones para soportar las exigencias actuales del negocio digital. Al mismo tiempo, la consultora Research and Markets valuó el mercado global de modernización de aplicaciones en aproximadamente USD 15.000 millones en 2025 y proyecta superar los USD 27.000 millones hacia 2029, con una tasa de crecimiento anual cercana al 16%.
La modernización de aplicaciones dejó de ser una conversación postergada para convertirse en una prioridad estratégica. En este sentido, la combinación de sistemas legacy obsoletos y la madurez alcanzada por la (IA) generativa crea una ventana de oportunidad única para las organizaciones que decidan actuar en 2026, advierte la SVP de Global Services and Delivery en Aditi Consulting, compañía especializada en servicios de ingeniería digital para empresas consolidadas y emergentes, Ina Mainetti.
“La IA dejó de ser experimental para convertirse en un verdadero acelerador. Hoy es posible acortar entre un 40% y un 50% los plazos de modernización y reducir alrededor de un 40% los costos asociados a la deuda técnica, con mejoras simultáneas en la calidad del resultado final”, explica Mainetti.
Sin embargo, la experta advierte que la modernización a gran escala no es un proceso trivial. Migrar una aplicación aislada difiere radicalmente de gestionar programas que involucran cientos de sistemas, múltiples áreas de negocio y entornos cloud complejos. En esos casos, el principal riesgo no es técnico sino organizacional: la gobernanza del programa, la priorización correcta y la gestión del cambio son tan determinantes como la tecnología elegida.
La ejecutiva también señala que uno de los errores más frecuentes es "modernizar por modernizar". El criterio para priorizar no debería ser la antigüedad de un sistema, sino el valor que aporta al negocio, los riesgos de mantenerlo sin cambios y los beneficios concretos que traería su actualización. Este análisis requiere la participación tanto de los equipos de IT como de las áreas de negocio, y en los programas de mayor escala, el involucramiento directo del CIO, el CEO y el directorio.
“Esperar a que la tecnología madure un poco más rara vez es una buena estrategia. La madurez ya llegó. El verdadero desafío ahora es decidir qué modernizar, cuándo hacerlo y con qué objetivos de negocio”, concluye la ejecutiva de Aditi Consulting.