Milla 200: Denuncian que la flota extranjera ya extrae hasta cuatro veces más recursos que la pesca argentina

En el marco del Día Internacional de la Lucha contra la Pesca Ilegal, No Declarada y No Reglamentada (INDNR), la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera (FULASP) advirtió que la presión ejercida por las flotas extranjeras que operan sobre el borde de la milla 201 se ha convertido en una de las mayores amenazas económicas y ambientales para la Argentina. Además, advierten que los niveles de extracción pesquera en la zona crecieron 65% entre 2019 y 2024, y que la flota china aumentó 85% su esfuerzo, amenazando con un agotamiento de especies en apenas uno o dos años más.   


05 jun, 2026 07:21
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Economía: Milla 200: Denuncian que la flota extranjera ya extrae hasta cuatro veces más recursos que la pesca argentina

Según el informe elaborado por la entidad, cada año cientos de embarcaciones provenientes principalmente de China, Corea del Sur y Taiwán se concentran sobre el límite exterior de la Zona Económica Exclusiva Argentina (ZEE) para capturar recursos migratorios vinculados al ecosistema del Atlántico Sudoccidental. La investigación sostiene que las capturas realizadas por estas flotas ya alcanzan volúmenes que, según la especie analizada, llegan a multiplicar hasta en un 400 % las obtenidas por la propia industria pesquera argentina. 

Los números relevados por la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera (FULASP) muestran la verdadera dimensión del fenómeno. Mientras la pesca nacional desembarca actualmente entre 750.000 y 900.000 toneladas anuales de productos pesqueros, las estadísticas internacionales ubican las capturas realizadas por flotas extranjeras que operan en el Atlántico Sudoccidental entre 1,5 y 3 millones de toneladas por año. 

Esto significa que, dependiendo de la especie analizada y de la temporada considerada, las extracciones efectuadas por embarcaciones extranjeras sobre recursos migratorios vinculados al ecosistema argentino pueden representar entre dos y cuatro veces el volumen capturado por la propia industria pesquera nacional. 

Según el informe, entre 400 y 600 buques extranjeros operan anualmente en la región, conformando una de las mayores concentraciones pesqueras del planeta. Gran parte de estas capturas corresponden a calamar, merluzas y otras especies transzonales que migran permanentemente entre la plataforma continental argentina, el alta mar y las áreas actualmente explotadas por flotas internacionales. 

Para FULASP, el dato adquiere aún mayor relevancia si se considera que muchas de estas especies poseen ciclos biológicos estrechamente vinculados a la plataforma continental argentina. El propio calamar Illex argentinus, una de las especies más perseguidas por las flotas extranjeras, constituye además uno de los principales eslabones de la cadena alimentaria marina, siendo consumido por merluzas, mamíferos marinos, aves oceánicas y numerosas especies comerciales. 

“El verdadero problema no es solamente que se lleven más volumen que la pesca argentina. El daño más grave es biológico: muchas especies están siendo capturadas antes de completar su ciclo natural”, explicó Raúl Cereseto, presidente de la entidad a cargo del estudio, y agregó que “en el caso del calamar, que vive apenas uno o dos años y cumple un rol central en la cadena alimentaria, una mala combinación de sobrepesca y cambio ambiental puede generar que en el corto plazo estemos discutiendo no una pérdida económica, sino el agotamiento de recursos fundamentales para la pesca argentina y para todo el ecosistema del Atlántico Sur”. 

Los datos son avalados, además, por la Environmental Justice Foundation (EJF), una organización internacional dedicada a investigar delitos ambientales, pesca INDNR (ilegal, no declarada y no reglamentada), trabajo forzoso y explotación de recursos naturales, que ha confirmado que en el caso del calamar Illex la combinación de sobrepesca y malas condiciones ambientales “podría provocar un colapso poblacional en apenas un año, porque es una especie de ciclo muy corto”. 

A esta situación se suma otro dato alarmante: los propios informes oficiales de las Islas Malvinas revelan que durante 2024 fueron capturadas 261.903 toneladas de recursos pesqueros bajo licencias otorgadas por el Reino Unido. Para FULASP, estas cifras confirman que la presión extractiva sobre especies migratorias del Atlántico Sur alcanza niveles sin precedentes. 

En ese punto, la merluza común también aparece como una especie vulnerable al esquema extractivo regional. Los propios informes pesqueros de las Islas Malvinas reconocen que la merluza hubbsi se distribuye ampliamente en el Atlántico Sudoccidental, desova principalmente en aguas costeras patagónicas durante primavera y verano, y luego puede migrar hacia la plataforma de Malvinas para alimentarse. En 2024, allí se capturaron 54.714,5 toneladas de dicha especie, el cuarto registro anual más alto desde 1989. En tanto, la merluza de cola también refuerza el argumento de stock compartido: los documentos de las islas señalan que estudios genéticos y de microquímica de otolitos sugieren conectividad entre el Atlántico Sudoccidental y el Pacífico Sudoriental, por lo que probablemente se trate del mismo stock explotado por Chile, Argentina y Malvinas. 

Y el antecedente más alarmante ya ocurrió: en 2024, las propias autoridades pesqueras de Malvinas cancelaron la segunda temporada de calamar Loligo porque la biomasa estimada cayó por debajo del umbral de conservación de 10.000 toneladas. 

La Fundación internacional advirtió que la continuidad de esta presión pesquera podría comprometer la sustentabilidad futura de recursos estratégicos para la economía nacional, afectando exportaciones, empleo, producción de alimentos y el equilibrio ecológico de uno de los ecosistemas marinos más productivos del planeta. 

En la misma línea, Raúl Cereseto graficó la situación con una analogía ganadera y aseguró que “si en un campo con mil vacas, nacen trescientos terneros por año y usted faena doscientos cincuenta animales adultos, el rodeo se mantiene, pero si empieza a matar terneros, vacas jóvenes y hembras antes de que puedan reproducirse, tarde o temprano ese rodeo desaparece” y concluyó diciendo que “en el mar ocurre exactamente lo mismo. Cuando cientos de embarcaciones capturan especies antes de que completen su ciclo biológico, el problema pasa a ser ecológico, comprometiendo la capacidad de recuperación de recursos que tardaron miles de años en consolidarse y que sostienen empleo, exportaciones y biodiversidad para toda la Argentina". 



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