Las cartas, todas dirigidas a su íntimo amigo y administrador José Razzano, "tienen un valor de investigación", dice Eduardo Corbo, dueño de la casa de remates uruguaya donde se llevó a cabo la subasta histórica.
En las comunicaciones, Gardel deja ver la atracción que ejercía sobre las mujeres. Entre los amoríos que confiesa está el de una pudiente empresaria de Buenos Aires a la que llama "La Pajarito".
"Vos ya sabes el vento (dinero) que tiene, y está enamorada loca", narra Gardel en tono pícaro e incluso pide a su amigo que le mande un telegrama para engañar a la mujer y evitar que ésta se embarque con él desde París hacia Buenos Aires, adonde, dice, no puede llegar en su compañía.