El sepulturero que enterró al nene que apareció mutilado en Miramar deslizó la posibilidad de que el menor haya sido retirado de su tumba en el marco de un ritual.
Además, el hombre reveló que durante el entierro, los familiares derramaron caña quemada y una bebida cola.
En el marco de la causa que investiga la sustracción del cuerpo de un nene del cementerio de Otamendi, la fiscal Ana Caro indagó al dueño de la funeraria y al sepulturero Juan Carlos López, quien seguirá detenido.
El dueño de la funeraria explicó que el 11 de marzo los familiares del niño contrataron el servicio fúnebre y que él mismo los acompañó hasta la comisaría octava para realizar la denuncia por el fallecimiento en el Materno Infantil.
Luego dio precisiones sobre el acondicionamiento del cuerpo y confirmó que los familiares le dijeron que querían velarlo hasta el día lunes. Además, narró que tras dejar el cuerpo y los elementos de la capilla ardiente en la quinta donde viven los padres, recién regresó a la sepultura el lunes por la mañana.
Por su parte, el sepulturero deslizó la posibilidad de que el cuerpo del niño haya sido desenterrado en el marco de un ritual: "Luego de unos días, más o menos cinco días desde el entierro, vi que había flores plantadas y velas blancas, no vi quién las colocó".
El pequeño había fallecido el 10 de marzo al atragantarse con un globito de agua. La muerte se constató en el traslado desde El Boquerón hasta el hospital Materno Infantil, situación que generó un pedido de investigación por parte de la familia.
Lo cierto es que tras ser sepultado, el féretro fue profanado en algún día anterior al 18 de marzo y el cadáver mutilado. El autor de tal aberrante práctica, cuya motivación se desconoce, luego lo abandonó a más de 20 kilómetros del cementerio, en la ruta 11.