El llamado “chip sexual” del que hablan cada vez más mujeres no es un dispositivo tecnológico, sino un pellet hormonal subcutáneo que libera hormonas de forma gradual durante varios meses. Se coloca mediante un procedimiento médico y se utiliza para mejorar síntomas vinculados a cambios hormonales, como la disminución del deseo sexual, la falta de energía y el impacto del envejecimiento en el bienestar general.
Figuras públicas como Ginette Reynal y Carmen Barbieri cuentan sus experiencias y describen una mejora en la vitalidad y el ánimo. También mencionaron beneficios estéticos asociados, como cambios en la piel, el cabello y las uñas, aspectos que suelen verse influenciados por el equilibrio hormonal. El pellet se implanta bajo la piel y libera dosis controladas de hormonas durante aproximadamente entre tres y seis meses. Puede contener distintas combinaciones hormonales según cada paciente y sus necesidades. Especialistas señalan que no se trata de un tratamiento universal ni estético, sino de una intervención médica que requiere evaluación previa. Antes de colocarlo se realizan análisis clínicos y una valoración integral para determinar si es adecuado. Si bien muchas mujeres refieren mejoras en su calidad de vida, los médicos subrayan que las hormonas actúan en todo el organismo y pueden generar efectos secundarios, por lo que el seguimiento profesional es fundamental.