Un vecino que mata a otro a puñaladas. Otro que es asesinado a tiros. Un grupo de chicas atacadas a balazos mientras conversan en una esquina. Postales de la violencia que se vive en una villa emblemática, La Cava, en pleno San Isidro.
Y en una nueva entrega de Barrios Picantes, Paulo Kablan salió a recorrerla. Así se encontró con Mariela, una vecina que quedó aterrorizada desde que un amigo de su hijo recibió una bala perdida mientras jugaba a la pelota.
Es que en el barrio los tiroteos son algo de todos los días. Vecinos de un sector que se enfrentan con los de otro sector. Disputas viejas. Tan viejas que ya ni saben por qué empezaron.
Kempes da fe de eso. En un altercado, un rival lo hirió de varios balazos. Tiempo después se volvieron a cruzar, se pelearon y él lo mató de una puñalada.
Ahora le dio un giro de 180 grados a su vida y se convirtió en todo un referente social de La Cava. Es que después de pasar por la cárcel, las drogas y coquetear con la muerte, lo que más quiere es ayudar a que los chicos del barrio no sigan su camino. Desde una parroquia ayuda a rescatar a adictos. Pero no es el único. Son muchos los que ponen el hombro para cambiar la realidad.
Otro es Toto, quien está al frente del Comedor 20 de junio – Locos por el ritmo. A todo pulmón se sacrifica para ofrecer un plato de comida a chicos que lo necesitan. Muchos de ellos son huérfanos. Sus padres murieron de forma violenta. Por eso Toto también les ofrece contención. Armó una canchita de fútbol y una murga.
Porque su sueño es torcer el destino trágico que para muchos chicos de la villa parece marcado. Y lo alimenta con la mejor receta: su compromiso social.