Marisa se convirtió al judaísmo luego de enamorarse de un hombre judío. Lo que comenzó como un acercamiento afectivo derivó en un vínculo profundo con la tradición, las prácticas y la espiritualidad, hasta sentir que esa fe representaba plenamente su forma de vivir y comprender el mundo. Ahora su nombre es Malka.

Jerónimo ahora se llama Karim y llegó al islam por un camino inesperado. Inicialmente se acercó por motivos vinculados al entrenamiento físico y la disciplina que acompañaba su práctica deportiva, pero en ese recorrido descubrió una filosofía de vida que lo interpeló profundamente. La espiritualidad, la estructura comunitaria y los valores del islam terminaron convirtiéndose en una guía personal.

El caso de Estrella o Sara, como eligió llamarse tras su conversión, es singular. Decidió convertirse al judaísmo tras un proceso espiritual y de búsqueda personal. Sin embargo, años después de completar su conversión, descubrió que su abuela pertenecía a la colectividad judía, una historia familiar que había permanecido oculta por temor y trauma vinculados al pasado. De no haber iniciado ese camino, nunca habría conocido ese origen.

Las tres historias revelan que las conversiones religiosas no responden a un único motivo: pueden nacer del amor, la disciplina, la búsqueda espiritual o la necesidad de pertenencia. Pero en todos los casos implican un proceso profundo de aprendizaje, cuestionamiento y transformación personal. Más que un cambio de religión, para quienes lo atraviesan se trata de una redefinición de identidad y de sentido.
Estrella Mizrahi es coach Terapeuta Sistémica ig: @iadcoaching