Roberto Funes Ugarte #ContratadoXUnDía para trabajar en el Riachuelo

El Riachuelo es el río más contaminado de nuestro país y su limpieza es una labor diaria. Roberto Funes Ugarte se probó en esta tarea que es dura y peligrosa.


26 sept, 2019 18:20
Informes Especiales: Roberto Funes Ugarte #ContratadoXUnDía para trabajar en el Riachuelo

En las aguas del Riachuelo hay, desde desechos químicos, cadáveres y restos de autos, hasta residuos cloacales. Con todo eso y mucho más deben lidiar quienes se dedican a la difícil tarea de mantenerlo lo más limpio posible.

Por eso, en una nueva entrega de Contratado por un Día, Roberto Funes Ugarte se sometió a uno de los trabajos más exigentes que le tocaron: la limpieza de uno de los ríos más contaminados del mundo.

Agrupados en cooperativas que financia el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, 592 obreros participan todas las mañanas del operativo de limpieza que supervisa la Acumar, el organismo tripartido que tiene a su cargo la cuenca Matanza-Riachuelo.

Si bien es un trabajo muy sacrificado y que exige un gran esfuerzo físico, el 40 por ciento son mujeres. Y hacen lo mismo que los hombres, con jornadas de 4 horas diarias – de 8 a 12- a cambio de un sueldo de 12.500 pesos por mes.

Bien temprano se reúnen en las distintas sedes de las cooperativas, desde donde salen en micros rumbo a distintos puntos del río. Los espera un trabajo que no es apto para cualquiera.

Tienen que desmalezar con machetes, destapar zanjas y arroyos que desembocan en el río, y también limpiar las propias márgenes del Riachuelo, a veces con el agua contaminada hasta casi la cintura.

Por mes recogen entre 2700 y 2900 toneladas de basura, que incluye residuos considerados peligrosos. Es que entre lo que va a parar al río hay productos químicos que derraman las fábricas y también residuos cloacales provenientes de muchos asentamientos de la zona.

“La verdad es que es un trabajo de mierda –cuenta Gabriel- pero es lo único que conseguimos. Y además todos tenemos que tratar de tener otras changas, porque con lo que ganamos no podemos vivir”, agrega.

A él y a sus compañeros no les queda otra opción que someterse a las condiciones extremas de este trabajo ingrato. Tanto que a veces hasta tiene consecuencias para su salud.

Pero ahí van todas las mañanas. A ganarse el pan y a colaborar para que el Riachuelo algún día deje de ser lo que para todos los argentinos es desde hace más de un siglo: un monumento a la contaminación.


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