El parque donde no permiten usar pelotas

Hace un año atrás el Golf de Villa Adelina pasó a ser el parque público más grande de San Isidro. Desde hace unos días no permiten jugar con pelotas, luego de que una mujer recibiera un pelotazo. Y los profesores de Educación Física que dan allí clases particulares reclaman el permiso para poder trabajar.

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Actualidad: El parque donde no permiten usar pelotas

Días atrás, autoridades del Municipio de San Isidro decidieron prohibir el uso de pelotas en el Golf Club de Villa Adelina, un espacio recuperado el año pasado para la recreación de los vecinos y que cumple un rol fundamental en el esparcimiento durante el aislamiento declarado en marzo por la pandemia de coronavirus.

"Una mujer que pasaba el día en el parque recibió un pelotazo y desde entonces no podemos pelotear más", explicó a telefenoticias.com.ar uno de los jóvenes que solía ir al campo de golf para jugar con sus amigos al aire libre.

La decisión de prohibir las pelotas en ese predio fue tomada por la Dirección municipal de Espacios Públicos, a cargo de Diego Torres, para evitar pelotazos y golpes, accidentes que suelen ocurrir en espacios abiertos donde se improvisan partidos con arcos ficticios, sin redes ni líneas que delimitan las canchas. 

Sin embargo, no todos están de acuerdo con la estricta norma de seguridad que deja a grandes y chicos sin su "fulbito".

La prohibición del uso de pelotas no solo afecta a los futbolistas amateurs, sino también a los profesores de Educación Física y entrenadores que hacen uso de balones en las prácticas con sus alumnos.

"Creemos que dicho espacio es muy amplio y se podría dividir en dos secciones: uno de recreación y otro especialmente para deportes. Solo es una cuestión de organización", expusieron vecinos en una carta dirigida a la Dirección de Espacios Públicos.

El grupo, encabezado por Rubén Blanco -quien en su actividad privada preside la fundación Trisomía T18 y T13 de Amor, dedicada a difundir el Síndrome de Edwards, la segunda anomalía cromosomática más habitual del ser humano tras el Síndrome de Down-, explica que 
"los profesores necesitan ese espacio como recurso de trabajo porque sus lugares de trabajo fueron cerrados en la cuarentena".

"Pedimos que no nos corten la posibilidad de trabajar y poder vivir dignamente", dicen los firmantes de la carta que aún no recibió respuesta.  

Situado entre la Panamericana, José María Moreno, Luis María Drago y Rivera, desde 1967 el club de golf, con sus 21,6 hectáreas, forma parte de la identidad de ese barrio residencial de casas bajas, que desde hace un año el Estado Nacional le cedió al Municipio con la condición de que no sea explotado comercialmente.