La Matanza: una mujer entrega semillas y plantines a sus vecinos para que cultiven sus propias verduras

Paola, de 42 años, es una referente del barrio Los Alamos que llegó a la prensa europea por su trabajo social para que sus vecinos no pasen hambre.

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Sus amigos le dicen que todo el tiempo piensa en el otro, pero Paola cree que es porque siempre la ayudaron a ella. Desde que nació en Misiones hace 42 años, hasta los más de veinte años que vivió en Ushuaia, siempre tuvo alguien que le tocó el hombro y le señaló el camino. Ese fue su motor para convertirse en referente en Los Álamos, adonde llegó hace tres años porque acá vivía su marido.

Apenas se mudó, una de las inundaciones habituales en el barrio se cobró la vida de Tobías, un bebé de ocho meses que estaba en brazos de su madre mientras ella de madrugada veía crecer el agua dentro de su casa hasta que se dormitó, Tobías se cayó y se ahogó. Por esos días, el hijo más chico de Paola, Munay, se descompensó por deshidratación y fue muy difícil salir del barrio para llegar hasta el hospital. Esos hechos y la enorme necesidad que la rodea le hicieron reflexionar y comprender que no es solo tener una casa alta y manejar el bote que compraron con los vecinos para hacer los rescates durante las inundaciones, sino que había mucho más por hacer.

Así en 2019 se acercó al comedor “Los Álamos de pie”, donde está presente la organización La Poderosa, y empezó a trabajar en el barrio más en comunidad.

Y su historia llego hasta UNICEF y de allí al diario español El País. “Conocí la organización y me abrió la cabeza. Me encantó todo lo que representa (...) Tenemos que dejar de mirar para otro lado y mostrar lo que pasa”, señaló.

La alimentación en la infancia es uno de los temas que la desvelan y es ella la que asesora al comedor sobre nutrición. Tiene una profunda conexión con la tierra, confiesa.

En Tierra del Fuego, donde viven su hijo mayor y sus dos nietos, Paola cursó el secundario con orientación en biología marina y conoce sobre los beneficios de las algas, también sobre probióticos, compostaje y huerta orgánica.

“La buena alimentación es la conexión con uno mismo. No somos un tacho de basura. Un alimento al estar tan refinado no pasa, no nutre, se queda en el cuerpo y surgen los problemas de salud”, señala.

Paola se encarga de conseguir las semillas y los plantines para que los vecinos puedan tener sus propias verduras, de armar un grupo para impulsar el compostaje y de llevar nódulos de kéfir al comedor para repartir.

“De a poquito nos dimos cuenta que teníamos que hacer nosotras, no solo esperar que vengan”, reflexiona.

Sueña que su comunidad pueda empoderarse y tener una vida digna, realizarse en todos los sentidos. “Los chicos son una esponja, no importa de qué estatus social sean, si vos les ponés fichas, no tienen techo. Con alimentación como corresponde, con una buena vivienda, con herramientas no tangibles necesariamente, si vos le brindás eso a un chico, en el futuro puede ser autosuficiente”.

"Siempre es con ayuda que yo pude hacer cosas en la vida, una vecina peleó por el jardín, otros por tener la escuela. Luchando juntos encontré el cause para liberar un poco el enojo, y proyectar la lucha", concluye sin dejar de trabajar en la cocina.

Fuente: Unicef