Desde la famosa oveja Dolly se han clonado con éxito más de 25 especies de mamíferos, incluyendo bovinos, ovinos, caprinos, porcinos, equinos, perros, gatos y especies silvestres como el lobo gris y los hurones. Las principales limitaciones de la clonación están en que el núcleo transferido no siempre logra reprogramarse por completo y en que puede haber incompatibilidades entre las mitocondrias del ovocito receptor y el genoma del núcleo transferido, explica Andrés Gambini, veterinario especialista en reproducción animal de la Universidad de Queensland, en Australia, consultado por el periodista Maximiliano Fernández para el medio Knowable.
Las mitocondrias son pequeñas estructuras dentro de las células que producen la energía necesaria para que funcionen. Contienen su propio ADN, por lo que los clones no son genéticamente idénticos entre sí. Aunque comparten el mismo ADN nuclear del animal original, el ADN mitocondrial será diferente, ya que no proviene del animal original, sino del ovocito utilizado en el proceso de clonación. Aunque ese ADN representa una fracción mínima del genoma total, cumple una función crítica en la célula, por lo que esas pequeñas variaciones pueden traducirse en diferencias funcionales y de aspecto, señala Sebastián Demyda Peyrás, genetista de equinos de la Universidad de Córdoba, España.
El experto agrega que a “eso se suma que los patrones epigenéticos en la clonación están alterados con mucha mayor frecuencia que en gestaciones naturales. Ambos factores —el recambio mitocondrial y la epigenética— influyen en la mayor tasa de abortos y la cantidad de clones que nacen con problemas de salud, con anomalías placentarias o problemas físicos severos”.
Pese a sus desafíos técnicos, la clonación abrió la puerta a muchas aplicaciones, como la conservación de especies, la cría de ganado y hasta intentos de recuperar especies extintas. En el campo de la conservación, material genético almacenado en biobancos puede utilizarse para restablecer una población reproductora saludable, mejorando la diversidad genética y aumentando el número de animales que pueden reproducirse, señala Aleona Swegen, veterinaria reproductiva de la Universidad de Newcastle, Australia, y coautora de una revisión de 2024 en el Annual Review of Animal Biosciences sobre la clonación en la conservación. Los principales retos, afirma, son la necesidad de encontrar una cantidad adecuada de ovocitos de especies estrechamente relacionadas y madres sustitutas adecuadas para la gestación.
La clonación también sigue enfrentando retos en animales domésticos. Un momento crítico, que es diferente para cada especie, es el momento en que el embrión deja de depender del ARN y proteínas del óvulo materno y comienza a utilizar su propio ADN, dice Pablo Ross, director científico de STgenetics, líder mundial en biotecnología reproductiva bovina, y genetista animal de la Universidad de California, Davis. En bovinos, este paso, conocido como activación del genoma embrionario, ocurre cuando el embrión llega a tener entre ocho a 16 células, mientras que en equinos se produce cuando cuenta con entre cuatro y ocho células.
En caballos, al igual que para otras especies, ya existen protocolos públicos para clonar, pero el éxito depende de la pericia del equipo y de detalles técnicos que no siempre figuran en los manuales. Un punto crítico en los caballos es la procedencia de los ovocitos. Una alternativa es obtenerlos de ovarios de yeguas muertas recolectados en mataderos, aunque también pueden extraerse de hembras vivas mediante aspiración transvaginal, un procedimiento más invasivo, pero con mejores tasas de éxito.
Con ovocitos obtenidos mediante aspiración transvaginal, la proporción de embriones que alcanza la fase de blastocisto es de alrededor del 35 %, frente a apenas el 26 % en los ovocitos obtenidos de mataderos. Y la diferencia se ensancha en las etapas posteriores: entre las yeguas que permanecen preñadas después del día 42, algo más de la mitad de las gestaciones derivadas de ovocitos mediante aspiración transvaginal terminan en potros sanos, frente a apenas una de cada 10 cuando los ovocitos proceden de mataderos.
Procedimiento
En todos los mamíferos, el proceso de clonación es similar. En primer lugar, se extrae una célula somática —una célula no reproductiva, como una célula de la piel— del animal que se va a clonar y se extrae su núcleo, que contiene la información genética. En paralelo, se toma un ovocito de la misma especie animal, al que también se le quita su propio ADN nuclear mediante un proceso denominado enucleación. En ese ovocito “vacío” se inserta el núcleo extraído de la primera célula.
Luego, ese ovocito con su nuevo núcleo se estimula químicamente o mediante impulsos eléctricos para que comience a dividirse y forme un embrión. Ese embrión se cultiva in vitro siete u ocho días hasta alcanzar el estadio de blastocisto, momento en que se implanta en una hembra que llevará adelante la gestación.
El método se llama transferencia nuclear de células somáticas. Fue el que se usó para crear a la oveja Dolly en 1996, un hito que demostró que era posible “reiniciar” el ADN de un animal y llevarlo a un estado embrionario capaz de desarrollarse, pero con grandes desafíos en el camino.
Clonación de caballos
Con el polo como estandarte, Argentina domina abrumadoramente la industria de la clonación equina a nivel global, seguida —a considerable distancia— por Estados Unidos y algunos países europeos.
Pese a los avances, la tasa de éxito es un cuello de botella que se reduce en cada etapa. Se calcula que, de cada 100 embriones, 20 alcanzan el estadio de blastocistos y se transfieren. De ellos, 10 logran implantarse exitosamente en las yeguas que hacen de vientre de alquiler y de esos 10 solo la mitad, cinco, llegan a término. Incluso entre los potrillos nacidos puede haber problemas de salud y de desarrollo, aunque la falta de datos públicos impide cuantificarlas con precisión.
La alta tasa de pérdida explica, en parte, el elevado costo del procedimiento. Aunque el precio bajó en los últimos años gracias a los avances técnicos, clonar un caballo sigue siendo un lujo: ronda los 40.000 dólares por animal nacido.
Adolfo Cambiaso, fundador, dueño y líder de La Dolfina, el prestigioso club de polo y organización de cría equina, impulsa la consolidación de una industria que él mismo puso en marcha, una industria que opera sin sistemas de información pública y que en 2025 ha registrado el nacimiento de entre 600 y 700 caballos clonados solo en Argentina, y ya ha clonado 60 Cuartetera, su yegua preferida. La Dolfina, que cuenta hoy con más de 150 caballos clonados, impuso un dominio sin precedentes en los campos de polo.