Las ventas bajan y los gastos fijos aumentan. La ecuación es letal para muchos comerciantes como Guillermina. Tanto que no sólo tuvo que cerrar su local de bijouterie. También terminó asfixiada por las deudas.
Su caso es todo un símbolo de un fenómeno que se viene acentuando desde hace un año: el aumento constante de los morosos. Según datos del Banco Central, fue de un 93%.
La debacle de Guillermina y su marido, Nahuel, empezó a mediados del año pasado. La razón fue simple. La pronunciada baja en las ventas del local de bijouerie que tenían en el centro de Burzaco.
En ese contexto, para reponer mercadería y cubrir los gastos de servicios y alquiler no les quedó otra opción que pedir un préstamo. Siempre con la esperanza de que la situación se revirtiera.
Pero no sólo no sucedió eso, sino que se agravó. Los intereses del préstamo eran tan altos que tuvieron que pedir otro para poder cubrirlo. Y así entraron en un círculo vicioso del que no pudieron salir.
Hace poco tuvieron que tomar la dolorosa decisión de cerrar el local. Ahora están vendiendo a través de las redes sociales lo que les quedó de mercadería y el mobiliario.
Todo para tratar de pagar los tres préstamos que pidieron y la financiación de las tarjetas de crédito.
Y el mismo destino tiene la mayor parte del sueldo que ella cobra como docente y los ingresos de él como electricista.
El sueño del local como complemento a sus trabajos quedó trunco. Ahora es todo pesadilla.