Carlos creció entre juegos y risas en una calesita: su padre era dueño de una y ese fue el lugar donde pasó gran parte de su infancia. Allí hacía la tarea y transcurrían sus días, en un entorno que marcó su historia personal.
Con el tiempo, ese espacio se transformó también en un sueño. Carlos anhelaba tener su propia calesita y logró concretarlo. Hoy, ya adulto, no solo cumplió ese objetivo, sino que además preside la Asociación Argentina de Calesiteros.