A través de un juego que contrapone a adultos que no logran identificar términos como aura, cringe, dea o fomo con adolescentes que explican su significado y uso cotidiano, el informe expone de manera directa la brecha generacional que se construye en torno al lenguaje.
Entre ambos segmentos, una narración articula la idea central: el idioma no es estático, sino que se transforma con cada cambio cultural, tecnológico o social, y son históricamente los jóvenes quienes impulsan esas modificaciones. El fenómeno ya se observó con el lunfardo, el rock y la irrupción de internet, y hoy vuelve a manifestarse con las redes sociales y la hiperconectividad.
Lejos de "arruinar" el idioma, las nuevas generaciones lo actualizan: crean términos, resignifican otros y desarrollan códigos propios como forma de pertenencia e identidad. El cierre deja en claro que este glosario adolescente no es un delirio pasajero, sino una generación escribiendo su identidad en tiempo real.