La noche del 9 de octubre, Franco Racca compartía unos tragos con sus amigos en un bar de San Miguel, hasta que una explosión cambió su vida para siempre.
En un momento de la noche, una camarera se acercó a su mesa a encender un artefacto que contenía una vela para calefaccionar las mesas, el líquido inflamable produjo una fuerte explosión que provocó un estallido en el que se prendieron fuego ocho jóvenes.
Franco Racca corrió por el lugar y luego se tiró al piso, veía todo naranja, todo ardía. Cuando se despertó estaba en el hospital con gran parte de su cuerpo quemado.
A las horas, se enteró que su mejor amiga había fallecido en la explosión, quizá su marca más dolorosa.