Un millón quinientas mil personas circulan diariamente en subte y tren en la Ciudad de Buenos Aires. En los horarios pico la afluencia de pasajeros es mayor y viajar es, para muchos, un dolor de cabeza.
Hay reglas de convivencia que son básicas, el transporte público también tiene sus normas y algo que es claro es que primero hay que bajar para después poder subir.
Trinche está harto de los que se paran en la puerta del subte o del tren y no dejan bajar. No es tan difícil ponerse a un costado de la puerta, esperar que bajen y subir al vagón.
El tren no se va a ir, los asientos van a estar ahí, atrás viene otro tren y así pueden seguir los motivos para tratar de lograr la empatía de los pasajeros.