Crónicos: cómo es vivir en tratamiento médico 24/7

Ellos no pueden dejar de pensar ni un día en la enfermedad que los pone a prueba: no tienen tiempo para lamentarse ni para deprimirse. Ni tampoco tiempo para perder. En esta nota, las historias de Consuelo, Carmelo y Gabriela, tres personas en tratamiento médico crónico de por vida.

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Cuando tenía 10 años, a Consuelo la diagnosticaron de diabetes mellitus tipo 1, insulinodependiente. Toda su familia vivió el cimbronazo de la noticia pero rápidamente debieron adecuarse a la nueva realidad, en la que Consuelo debía empezar a vivir con un tratamiento crónico de insulina, actividad física y dieta.

Hoy, a sus 31 años, Consuelo utiliza un infusor o "bomba" de insulina que le permite llevar una vida más controlada y también más equilibrada, gracias al tratamiento que le sugirió su médico diabetólogo de cabecera.

"Yo no podía comer lo que todos comían y eso era bastante difícil. Con la bomba estoy conectada todo el día, calibra la glucosa y suministra insulina dependiendo de lo que necesite. Es un antes y un después en la vida con diabetes", explica Consuelo, que vive en La Plata y trabaja en el Congreso de la Nación, a Telefe Noticias.

Aunque es un tratamiento de por vida, su entorno familiar y sus amigos acompañan este proceso, y hasta su hijo Salvador conoce las particularidades de su tratamiento médico. "Yo no odio a la diabetes, con ella aprendí un montón y vivo una vida completamente normal", agrega.

Otro de los testimonios claves en esta historia es el de Carmelo, un farmacéutico de 68 años que vive en la Ciudad de Buenos Aires, tiene un hijo y convive con Epoc (Enfermedad pulmonar obstructiva crónica) hace más de 15 años.

"Cuando te dicen que tenés algo que vas a tener de por vida, hasta el último día, te shockea al principio. Después, bueno… la vida sigue. Me levanto a la mañana, me hago los paff, me cuido del frío y de la gripe, me aplico las vacunas todos los años y tengo un paff de rescate para cualquier crisis", explica Carmelo.

Su diagnóstico es producto de que, durante muchos años, fue fumador de tabaco. "El cigarrillo es muy adictivo, la lucha contra el cigarrillo es día a día. Es de hoy para mañana. Yo sé que si hoy fumo uno, mañana son dos y pasado es un atado. Y no quiero. No me lo puedo permitir, por mi familia, por el sacrificio que les hice pasar", aclara Carmelo.

"La EPOC se diagnostica mediante la realización de una espirometría, un estudio indoloro, sencillo y no invasivo, que es una práctica fundamental. Se recomienda realizarla a personas a partir de los 40 años, que fumen actualmente o hayan fumado en algún momento de su vida", explica Sergio Zunino, Coordinador de la Sección de Inmunología y Enfermedades Obstructivas de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR).

También sostiene un tratamiento crónico Gabriela, una vecina de Garín que vive con su marido y sus hijos, y tras un diagnóstico de enfermedad renal crónica debe vivir realizando diálisis en su casa todos los días.

"Por supuesto cuesta. Hay días que no tengo ganas, que no lo quiero hacer más. Pero a su vez sé que estar atada a esta bolsa me conecta con la vida, me permite seguir viviendo", cuenta Gabriela, que le gusta andar en bici fija y salir a pasear a sus perros.

"La diálisis peritoneal es una forma de sustitución de la función renal. Una de sus principales ventajas es que permite al paciente realizar el tratamiento en casa, con controles mensuales en el hospital o de manera virtual. Esta modalidad se ha popularizado especialmente después de la pandemia, ya que estos pacientes no sufrieron hospitalizaciones ni complicaciones relacionadas con el COVID-19”, concluye el dr. Guillermo Fragale (MN 102162), Jefe de Nefrología y trasplante de Riñón del Hospital Universitario Austral.

A pesar de que lleva una vida activa y sostiene muchas de las actividades que hacía antes, Gabriela cuenta que tiene algunas limitaciones: “Yo no puedo decir ‘me voy mañana de viaje’ así como si nada: tengo que programar todo y ver que el lugar donde voy esté adecuado para hacerme diálisis. En las vacaciones es complicado porque tampoco puedo sumergirme en el mar o en una pileta", explica.