Nadie está exento de sufrir un episodio de inseguridad. Pero si existiera un ranking de quiénes están más expuestos, sin duda que lo encabezarían los repartidores. La razón es simple: andan todo el día en la calle, y la moto, la bicicleta, el celular o el dinero que llevan son siempre un botín preciado para los ladrones.
Elías es un ejemplo. Acababa de entregar un pedido en San Justo cuando fue atacado por dos motochorros. Asustado, se alejó unos metros y uno de ellos, sin media palabra, le pegó un tiro en una pierna.
“Me arruinó. Ahora no puedo trabajar y tengo para varios meses de recuperación”, se lamenta Elías.
A Nicolás le apuntaron con un revólver y le robaron la moto en Moreno. El resultó ileso, pero se quedó sin trabajo. Después de un tiempo consiguió una bicicleta y lo recuperó.
Lo que no recuperó es la tranquilidad. Vive con el miedo a flor de piel. Y lo resume con una frase: “Salís a trabajar y no sabés si volvés a tu casa”.