Lo de Ángel se parece mucho a una tormenta perfecta. Hace unos meses tuvo que pedir varios préstamos porque el sueldo dejó de alcanzarle. Y ahora se lo embargaron porque no pudo devolverlos. Así está, endeudado y sin un peso.
Su historia es un reflejo de un fenómeno que atraviesa a buena parte de los argentinos. La necesidad de endeudarse porque mes a mes los ingresos pierden contra el aumento del costo de vida.
Ángel es empleado público y hace dos años que tiene el sueldo prácticamente congelado. Por eso ya ni le alcanza para cubrir los gastos corrientes. Tanto que se vio obligado a pedir un préstamo en una financiera.
El problema es que los intereses eran muy altos. Tuvo que pedir otro préstamo para poder afrontarlos. Y así se fue endeudando cada vez más hasta que dejó de pagar. Era eso o no comer.
Trató de refinanciar la deuda, pero no pudo. Cuando a principios de mes cobró su sueldo se encontró con la peor de las sorpresas: se lo habían embargado y apenas tenía 32 mil pesos. El resto había ido a parar a sus prestamistas.
Desesperado, buscó otra financiera y pidió un nuevo préstamo. Mientras tanto, sigue intentando que le ofrezcan un plan de pago acorde a sus posibilidades. Y, sobre todo, rogando que no le embarguen el próximo sueldo.