Julio tiene un salón de eventos, la pandemia afecto mucho a su sector y junto a sus empleados se la rebuscan como pueden para mantenerse en pie.
"Estábamos en un cumpleaños cuando llegó la policía y los agentes municipales para decirnos que esa era la última fiesta que podríamos hacer" tiene el recuerdo intacto de aquel 19 de marzo cuando se anunció el inicio de la cuarentena en nuestro país. Es que desde aquel día nunca más pudieron volver a trabajar.
Antes de la pandemia tenía 6 empleados, sus hijos iban a un colegio privado y tenía un buen auto. Aquellas épocas mejores parecen hoy muy lejanas para él. A sus empleados los mantiene como puede, hoy son más un grupo de personas que buscan la forma de ganarse un mango para sobrevivir.
Pusieron una remisería, hacen comida y en los ratos libres atienden el mantenimiento del salón de tres pisos que hace 17 meses que no abre sus puertas. La esperanza de que más temprano que tarde, vuelva a brillar con cumpleaños y celebraciones es lo que los mantiene en pie. Julio por su parte, vendió el auto para hacer frente a los gastos y cambio a sus hijos de colegio.
Tiene un ángel, dice él y se refiere al dueño del local que entendió la situación y le fue permitiendo atrasarse con los pagos del alquiler. Sueñan con una vuelta para fines de este año pero saben que tampoco será sencillo. Por el desuso, algunas luces y las máquinas de humo necesitan refacciones que hoy no puede afrontar y los eventos y comprometidos hoy cuestan mucho más que cuando se cobraron. Para peor, las dudas respecto a un futuro incierto también alejan a quienes buscan reservar para 2022.
Cerraron muy temprano, aguantan como pueden y no saben cuándo volverán. Les queda la esperanza de pronto volver a la normalidad.
Para ayudar a Julio: 1124989620