He Vivido: Nacha Guevara, de Broadway hasta el exilio por su militancia

Nacha Guevara y Erica Fontana se encontraron en el Museo Evita para una nueva entrevista del ciclo He Vivido.

Informes Especiales: He Vivido: Nacha Guevara, de Broadway hasta el exilio por su militancia

Una mujer valiente, resiliente, marcada por experiencias casi invencibles, por recuerdos pesados y complejos, por exilios, pero también por amores fidedignos y por inmensas expresiones de arte.   

Nació en Mar del Plata, según cuenta, en una casa donde reinaba el desorden. Una relación compleja con su madre y un padre ausente. Abuelo inmigrante, amante de la música y una abuela fuerte y confiada. De ella aprendió el valor de ignorar las opiniones ajenas.  

En el colegio, recuerda haber sido una pésima alumna, la escuela le provocaba disgusto. Amaba el ballet, lo estudiaba en el Teatro Cervantes. A sus 18 años, la madre le prohibió desempeñarse como bailarina, por lo que Nacha decidió irse a vivir con su pareja- 22 años mayor que ella- Anteo del Mastro.  

La llegada al instituto Di Tella fue fundamental en su carrera y su vida. Fue el motor del surgimiento de “Nacha de noche”. En aquel entonces se había separado de Del Mastro, y estaba en pareja con Norman Briski, con quien tuvo a su hijo Gastón. Recuerda ser “un correcaminos”, por ocuparse de su carrera con una pasión ferviente, pero también de sus hijos.  

Alberto Favero fue su tercera pareja. Lo conoció luego de escuchar un concierto suyo, y desde aquel momento comenzó la relación de trabajo y la amorosa. Favero se fue del país durante la represión sufrida, con su hijo y con los dos hijos de Nacha. Cuando rememora las actitudes nobles de Alberto, la gran artista dice directamente: “Chapeau”.  

Su vida profesional crecía sin descanso, hasta que un comunicado de la Triple A pretendió obstaculizar su carrera. En dicho comunicado, se afirmaba que Nacha y su familia debían irse del país. Era una amenaza. Guevara quiso averiguar de dónde venía el escrito, y un periodista allegado le comunicó que, si dejaba de cantar dos canciones en específico (“Yo te nombro libertad” y “De qué se ríe Sr Ministro”), podía quedarse en la Argentina. Ella se rehusó a permanecer en el país, intuía que el futuro era aún más oscuro.  

Se fueron a Perú, porque el dinero alcanzaba solamente para ese destino. Se quedaron viviendo en una pensión repleta de cucarachas. Como si fuera poco, el 3 de octubre sucedió un fuerte terremoto.  

Pretendieron volver a la Argentina, estrenando uno de los shows de Nacha, pero la respuesta de la impunidad fue contundente. El teatro fue bombardeado, y murieron dos personas. Como consecuencia, volvieron a exiliarse.  

Con el regreso de la democracia, Nacha retorna a Buenos Aires. Aquí continúa desarrollando su carrera, sin pausa. Estrena el musical de Eva, el cual representa uno de sus mejores recuerdos.  

A su padre terminó conociéndolo durante una temporada en la que trabajó en Mar del Plata. Le dijo todo lo que le apetecía reclamar. Y le indicó que tenía que hacer cada acción que ella ordenara, como comprarle helado, llevarla a upa, ir a la plaza. Todo lo que le faltó de niña.  

Después de tantos vaivenes, tanto estrépito, tanto esfuerzo y empeño, Nacha reflexiona. Ha sido una eterna aprendiz. Cree haber hecho uso de la vida, y si tuviera que irse hoy, considera que cumplió con la vida… y la vida cumplió con ella.  

Agradecimientos: 
Museo Evita