Se describe como segura y arrogante, directa por demás. Es Marta Fort, y nos invita a conocer en “Herederos” sus recuerdos más preciados, así como también sus objetivos más anhelados.
Como hija de Ricardo Fort, no diría que su infancia ha sido convencional, pero sí divertida y feliz. Cada día era distinto, los viajes abundaban, los lujos eran parte de la cotidianeidad. Su mismo nacimiento fue especial. En la escuela solía explicar la forma en que nació, y describía la subrogación como una novedad científica. Su padre le había explicado en detalle todo el proceso que debió pasar para tener a sus dos hijos, por eso Marta lo naturalizó desde un primer momento.
Recuerda a un padre sobreprotector, que le proveía de 4 personas de seguridad para cada salida que hacía con sus amigas, y que no la dejaba dormir fuera de su casa. Recuerda a un Ricardo amante de las cámaras, espontáneo y sorprendente.
Y recuerda también a Gustavo, su tutor, su segundo padre. Lo describe como una persona tranquila, bondadosa y casera. Ricardo le pidió a Marta que lo nombre “papá” a Gustavo, pero él humildemente se conformaba con los títulos “padrino” o “tutor”. Cabe aclarar que esta nota ha sido grabada pocos días antes del fallecimiento de Gustavo Martínez, por lo que contiene las últimas declaraciones de Marta sobre su padrino.
Agradecida con quienes la criaron y la acompañaron a lo largo de los años, Marta analiza en quién confía y en quien no. Quién se junta con Marta por quien es ella misma y quién se junta con “la hija de Ricardo Fort”. Le gustaría llegar a ser reconocida por quién es ella realmente, tanto personal como profesionalmente. Piensa crecer en la carrera de actuación y canto, así como también ocuparse de la expansión de la empresa familiar y su economía.
Nunca olvidará su crianza, y casi sin pensarlo, encuentra en sí misma rasgos de su padre. Su propio carácter, contestaciones y actitudes le recuerdan a Ricardo y, en cierto punto, la hacen sentir cerca de él. Los últimos momentos juntos fueron sumamente difíciles. Un Ricardo dolorido e internado, intentaba hacerles pensar a sus hijos que estaba en la clínica porque quería relajarse y olvidarse del ambiente frívolo que tenía a su alrededor, como si estuviera en un spa. Con el paso del tiempo, Marta entendió su actitud sobreprotectora hasta en los momentos más complejos y, con un atisbo de sonrisa y una lágrima escondida, le agradece. Esté donde esté.
Agradecimientos:
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Sergio Miyagi- Director de Prensa del Jardín Japonés