La crisis económica tiene muchas caras. Y una de las más tristes tal vez sea la de los jubilados a los que no les queda otra opción que volver a trabajar para llegar a fin de mes.
Zulema dedicó su vida a la enfermería. Se jubiló hace seis años y empezó a disfrutar de su merecido descanso. Le duró poco. Como con sus ingresos no llega a cubrir los gatos más elementales, armó una huerta en su casa para autoabastecerse de algunos alimentos.
Pero tampoco eso fue suficiente y ahora está buscando trabajo. Le ofrecieron cuidar a una mujer enferma y eso la entusiasma. “No veo la hora de empezar”, dice, aunque le duele ver tan lejano aquello que soñaba hacer cuando tuviera esta edad. “Siempre pensé que cuando me jubilara iba a dedicarme a recorrer todo el país”, cuenta.
Daniel trabajó desde los 15 años hasta los 65. Hizo de todo, aunque su especialidad fue el comercio de ropa deportiva. Y cuando le llegó la jubilación creyó que al fin podría disfrutar de viajar, y de pasar más tiempo con sus hijos y con sus cinco nietos.
Se equivocó. La jubilación mínima no le alcanza para vivir. Los primeros tiempos lo suplió con algunos ahorros. Y hace unos meses, cuando los ahorros se consumieron, no le quedó otra alternativa que salir a buscar trabajo.
Desde entonces se gana la vida haciendo trámites para la empresa de un amigo. “Me pagan por trámite, es como una changa”, explica.
Delicia es otro ejemplo. Después de toda una vida dedicada al trabajo, con 75 años volvió a su puesto como empleada en una casa particular. La causa es la misma. La jubilación mínima que cobra no le alcanza ni para comprar lo más elemental: la comida.
Lo piensa y dispara con dolor: “Es triste, muy triste, pero hay que seguir”.