Ya son abuelos y abuelas, que a diferencia de lo que ocurría hace 20 años atrás, se exigen para mantenerse activos. Aunque sufrieron graves enfermedades y perdieron algunos amigos, la vida para ellos continúa hasta que el cuerpo diga basta.
Ambos grupos tienen una historia en común de 30 años. A medida que pasaban los años fueron pidiendo a los organizadores de los torneos en lo que competían que extendieran los límites de edad: de +35 pasaron a +45, luego + 55 y llegaron hasta +65. Su pasión generó un nuevo nicho para el mercado.
Juegan más de tres veces por semana, entre entrenamientos y torneos, y luego arman el tercer tiempo: a su edad es una parada sagrada.
Los quehaceres cotidianos y la familia, por un rato, pueden esperar porque ellos son jóvenes para siempre.
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