En la etapa más larga de la vida, la adultez mayor, se intenta sortear distintos obstáculos, entre ellos, evitar la soledad. Los hijos ya no viven en la casa o se suscita la viudez. El nido queda vacío y allí las mascotas se convierten en una compañía incondicional, alguien que nos espera, que requiere de cuidados, un motivo que nos ordena el presente, ayuda a socializar con otros que también tienen animales domésticos, nos da y les damos afecto y nos hacen sentir menos solos.