"Pasa de noche": venezolanos en la Argentina

Las historias de quienes partieron al exilio en busca de una mejor vida.

Informes Especiales: "Pasa de noche": venezolanos en la Argentina

Una ola que no para de crecer. Así es la inmigración de venezolanos a la Argentina. Huyendo de la dramática situación económica que atraviesa su país, sólo en los primeros dos meses de este año, llegaron 21.444, un promedio de 363 por día. Y la tendencia va en aumento.

Algunos vienen en avión, gastando hasta el último dólar ahorrado o gracias a la ayuda familiar. Pero la mayoría no tiene ese privilegio. Lo hace por tierra, viajando durante semanas en varios micros, haciendo dedo, pasando hambre y durmiendo en plazas o bancos de estaciones.

Una verdadera odisea que a veces comienza cruzando la frontera con Colombia y otras la frontera con Brasil. Siempre cargando el mismo peso, el peso del destierro.

Atrás dejan novios, amigos, padres, hermanos, todos sus afectos. Pero también dejan eso de lo que escapan: una crisis económica que asfixia. “Con un sueldo entero apenas se puede comprar un kilo de carne”, cuenta David, a quien ni los ingresos que tenía por sus cuatro trabajos le permitían llegar a fin de mes.

Lleva menos de un año en Buenos Aires y no le sobra nada. Hasta ahora su título universitario de licenciado en Comunicación para lo único que le sirvió es para conseguir un trabajo como mesero en el Caracas Bar, en Palermo. Igual no se queja. “Vine a la Argentina decidido a lucharla y así y todo estoy mucho mejor de lo que estaba”, cuenta en medio de un descanso y mientras apura un plato de pabellón criollo, uno de los platos más típicos de Venezuela.

Su historia es una síntesis de la de la mayoría de sus compatriotas que parten al exilio. Tienen título universitario, pero no les resulta fácil ejercer su profesión. Las propuestas que más reciben son para trabajar de meseros, lavacopas o vendedores. Y las aceptan.

Un ejemplo es Ricardo, un ingeniero que a las diez de la noche de un sábado hace fila en el Caracas Bar. No espera para ocupar una mesa y beber una copa de ron. Su necesidad es más urgente. Espera por una entrevista de trabajo como bartender. Antes de venir hizo un curso que espera le abra las puertas para su primer trabajo en Argentina.

Si lo logra, tal vez pueda cumplir sus dos grandes objetivos: tener un mínimo ingreso para vivir y enviar algunos dólares a su familia que quedó en Caracas, a la espera de engrosar la lista de exiliados en Argentina.

Pero si hay algo que distingue a los venezolanos es su carácter alegre, incluso a pesar de las adversidades. Por eso el desarraigo y la distancia no son obstáculo para que las noches de fin de semana las vivan a pura salsa, entre empanadas, arepas y tequeños. Todo regado con cerveza, ron y una copita de anís. Es que el exilio duele. Pero la vida continúa.