Visitamos dos mundos diferentes, el de los músicos y el de los gamers, sin embargo tienen varios puntos en común. Uno de ellos es que cada vez es más frecuente que se elijan juntarse para vivir, y compartir lo que más los apasiona, la música o los juegos.
Por un lado está “La casa de los Ranes”, ellos son músicos, viven en Lanús en la casa de uno de ellos que había quedado vacía debido a que sus padres decidieron mudarse al interior en pandemia. Dividen los gastos, las tareas y se acompañan en sus proyectos musicales.
Por otro lado visitamos la casa de “Malvinas Gaming”, un grupo de jugadores profesionales de videojuegos. Es un equipo como si fuese River o Boca, en el que los dueños buscan jugadores, y una vez seleccionados, los hacen un contrato para pasar vivir con ellos. En la casa comen, duermen, entrenan, juegan, viven ahí y les pagan por hacer lo que antes hacían gratis y como pasatiempo, jugar en línea en la computadora.