Roberto Eliseo Castilla Rocha tiene 56 años pero su carrera delictiva es muy larga, comenzó cuando tenía 9 años y vivía en el barrio Loyola de San Martín. Desde ese entonces lo apodaron “Monito” y su apellido quedó para siempre, asociado al delito. Tiene tres hijos y una de ellas cumple una condena en la Alcadía de mujeres de la unidad 7 del penal de Azul.
Maneja todo tipo de armas: Fal, Máuser, 45. Aprendió a usarlas durante la instrucción de seis meses que tuvo en el Servicio Militar. Durante los años de la dictadura, su tío que estaba en la comisaría de Tigre, y que era miembro de un grupo de tareas, le liberaba la zona donde hacían juego clandestino; él iba, los apretaba y se llevaba la recaudación.
UNA CARRERA "SOBRE RUEDAS"
En el año 1985 formó parte de una banda que robó la recaudación completa de la planta de Ford en Pacheco. En aquella oportunidad se llevaron 3.600.000 australes. La información se las había pasado uno de los gerentes de la fábrica.
En diciembre de ese mismo año cometió un asesinato por encargo, fue en la entrada de una concesionaria de autos en Parque Chacabuco. Castillo asegura que a la víctima le pegó tres tiros.

Pasados los años, formó parte de un grupo de delincuentes que se dedicaban a robar camionetas Pathfinder recién salidas de la concesionaria, la información se las pasaba el dueño de la concesionaria que luego del robo se encargaba de llevarlas a Bolivia. Él se encargaba de cruzar la camioneta y llevarlas hasta una playa de estacionamiento en donde le cambiaban la patente y se las llevaban por ruta para el norte.
Por cada camioneta que robaban para esta banda se llevaban 5000 dólares. “Nunca lastimé a nadie, es más, les pagábamos el remis. A uno le robamos la camioneta tres veces. Yo le robé la camioneta al custodio de Cavallo en 1994”, se jacta.
En los primeros años del 2000 se dedicó a robar retroexcavadoras. Viajaba a distintos puntos del país y le pagaban 50 mil dólares por el robo de las máquinas que no podían ser cualquier modelo sino uno específico que era muy buscado por sus clientes.
SECUESTROS
En 2004 se fugó de Sierra Chica para secuestrar al padre del exjugador de River Matías Almeyda, quien vivía en Azul, pero nunca concretó el hecho. Asegura que el intento de secuestro de Almeyda padre fue con el aval de parte del servicio penitenciario de ese penal.
Estando en libertad, entre 2008 y 2010, se dedicó a hacer cobranzas de morosos incobrables. Él se llevaba el 30 por ciento de la deuda total que tenía el deudor con el que lo contrataba.
Actualmente, está detenido en la Unidad 46 de San Martín por el caso del secuestro y asesinato del abogado penalista Marcos Alonso, que apareció muerto con un dólar en la boca en 2010 con ocho tiros en el cuerpo. Él dice haberlo secuestrado, pero no fue quien lo ejecutó.