Durante la adolescencia, mientras cursaba el secundario, ese primer impacto se transformó en una búsqueda concreta. Magdalena empezó a viajar en tren y colectivo para poder asistir a un curso de cine. No era fácil: implicaba tiempo, esfuerzo y constancia, pero también la certeza de haber encontrado un lugar propio. Allí descubrió que el cine no era solo una pasión, sino un lenguaje, una forma de mirar y contar el mundo.
Con los años, ese interés se consolidó en estudio, trabajo y experiencia. Magdalena se formó en el ámbito audiovisual y comenzó a dar sus primeros pasos profesionales, siempre con la misma curiosidad que la había llevado, de chica, a quedarse hipnotizada frente a una pantalla improvisada.
Hoy, vive del cine. Escribe, dirige, trabaja en proyectos audiovisuales y construye su camino dentro de una industria exigente, pero profundamente ligada a sus sueños de infancia. Su historia es la de alguien que entendió temprano qué era lo que la hacía vibrar y no dejó de perseguirlo, incluso cuando parecía lejano.
En Pequeños Grandes Sueños, el recorrido de Magdalena Ripa Alsina confirma que, a veces, todo empieza con una película vista en el lugar menos pensado. Y que cuando la pasión es verdadera, siempre encuentra la manera de proyectarse.